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Mario Benedetti - Cotidiana I

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La vida cotidiana es un instante
de otro instante que es la vida total del hombre
pero a su vez cuántos instantes no ha de tener
ese instante del instante mayor

cada hoja verde se mueve en el sol
como si perdurar fuera su inefable destino
cada gorrión avanza a saltos no previstos
cómo burlándose del tiempo y del espacio
cada hombre se abraza a alguna mujer
como si así aferrara la eternidad

en realidad todas estas pertinacias
son modestos exorcismos contra la muerte
batallas perdidas con ritmo de victoria
reos obstinados que se niegan
a notificarse de su injusta condena
vivientes que se hacen los distraídos

la vida cotidiana es también una suma de instantes
algo así como partículas de polvo
que seguirán cayendo en un abismo
y sin embargo cada instante
o sea cada partícula de polvo
es también un copioso universo

con crepúsculos y catedrales y campos de cultivo
y multitudes y cópulas y desembarcos
y borrachos y mártires y colinas
y vale la pena cualquier sacrificio
para que ese abrir y …

Enrique González Rojo - La clase obrera va al paraíso

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Una vez me enamoré de una trotskista.
Me gustaba estar con ella
porque me hablaba de Marx,
de Engels, de Lenin,
y, desde luego, de León Davidovich.
Pero, más que nada
porque estaba en verdad como quería.
Tenia las piernas más hermosas de todo el
movimiento comunista mexicano.
Sus senos me invitaban
a mantener con ellos actitudes
fraccionales.

Las caderas, que eran pequeñas, redondas,
trazadas por no sé qué geometría lujuriosa
lucían ese movimiento binario
que forma cataclismos en las calles populosas.
Un día, cuando
me platicaba que:
«Lenin había visto con lucidez
que la época de los dos poderes llegaba a su fin»,
yo le tomé la mano;
ella continuó:
«pero el problema básico
era la concientización de los soviets».
Yo no despegaba los ojos de sus senos.
Un botón de audacia -meditaba-
y me vuelvo un hombre rico.
Y ella proseguía:
«había que reforzar el papel de la vanguardia».
No me pude contener
y la estreché a mi cuerpo
con la boca de ca…

Eduardo Galeano - El miedo global

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Los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo.

 Los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo.

 Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida.

 Los automovilistas tienen miedo de caminar y los peatones tienen miedo de ser atropellados.

 La democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje miedo de decir.

 Los civiles tienen miedo a los militares, los militares tienen miedo a la falta de armas, las armas tienen miedo a la falta de guerras.

 Es el tiempo del miedo.

 Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo.

 Miedo a los ladrones, miedo a la policía.

 Miedo a la puerta sin cerradura, al tiempo sin relojes, al niño sin televisión, miedo a la noche sin pastillas para dormir y miedo al día sin pastillas para despertar.

 Miedo a la multitud, miedo a la soledad, miedo a lo que fue y a lo que puede ser, miedo de morir, miedo de vivir...

Eduardo Galeano - Patas arriba. La escuela del mundo al revés.