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Eduardo Galeano - Lennon

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Nueva York 1980
  Una camisa, colgada en una azotea, pega manotazos. Se queja el viento. A los rugidos y chillidos de la ciudad se une el alarido de una sirena que corre por las calles. En este sucio día ha caído asesinado John Lennon, fundador de música, en una esquina de Manhattan.

 Él no quería ganar ni matar. No aceptaba que el mundo fuera bolsa de valores ni cuartel militar. Lennon estaba al margen de la pista: cantando o silbando con aire de distraído, miraba girar las ruedas de los demás en el incesante vértigo que va y viene entre el manicomio y el matadero.


Eduardo Galeano - Memoria del Fuego III. El siglo del viento.

Eduardo Galeano - Un averiguador de la vida

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Noviembre
16

 Como era muy miope, no tuvo más remedio que inventar lentes que fundaron la óptica moderna y un telescopio que descubrió una estrella nueva.

 Y como era muy mirón, mirando un copo de nieve en la palma de su mano vio que el alma del hielo era una estrella de seis picos, seis, como seis son los lados de las celdillas de las abejas en los panales, y con los ojos de su razón vio que la forma hexagonal sabe usar el espacio de la mejor manera.

 Y en el balcón de su casa vio que no era circular el viaje de sus plantitas en busca de la luz, y dedujo que quizá tampoco era circular el viaje de los planetas alrededor del sol, y su telescopio se puso a medir las elipses que describen.

 Viendo, vivió.

 Cuando dejó de ver murió, en este día de 1630.

 La lápida de Johannes Kepler dice:

 Medí los cielos. Ahora, las sombras mido.
Eduardo Galeano - Los hijos de los días.

Eduardo Galeano - Posada

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1900
Ciudad de México
 Ilustra coplas y noticias. Sus hojas se venden en los mercados y a las puertas de las iglesias y dondequiera que un cantador relate las profecías de Nostradamus, los espeluznantes detalles del descarrilamiento del tren de Temamatla, la última aparición de la Virgen de Guadalupe o la tragedia de la mujer que ha dado a luz cuatro lagartos en un barrio de esta ciudad.
 Por obra de la mano mágica de José Guadalupe Posada, los corridos no dejarán nunca de correr ni los sucedidos de suceder. En sus imágenes continuarán por siempre afilados los cuchillos de los fieros y las lenguas de las comadres, seguirá el Diablo danzando y llameando, la Muerte riendo, el pulque mojando bigotes, el desgraciado Eleuterio Mirafuentes aplastando con enorme pedruzco el cráneo del ancianoautor de sus días. Un grabado de Posada celebró este año la aparición del primer tranvía eléctrico en las calles de México. Otro grabado cuenta, ahora, que el tranvía ha chocado contra un co…