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Ismael Serrano - Cien días

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Como una luna nueva,
como el metro de Madrid,
negro como una cáries
o un septiembre estudiantil.

Como la certeza de que no sueñas conmigo,
negro era aquel bar
donde se esconden los malditos
de los amaneceres,
de los repartidores de periódicos,
de las agujas del sol,
del amor del prójimo.

Allí la encontré...

Como un suicida asomado
al borde del precipicio,
amontonando maldiciones
sobre la barra de aluminio:
Temblaba en sus ojos
el humo de mil cigarros
que fumó con un tipo
que la había besado,
que la dejó una mañana
dormida entre las dunas de su cama,
que se fue con otra una madrugada.

Así la encontré...

Alguien me contó que llevaba cien días
encerrada en aquel bar,
pidiendo fuego o alguna pista
que le ayudara a encontrar:
La luz dentro del laberinto,
el mapa donde está escondido,
el mar donde arden las promesas,
donde solías naufragar.

Cien días escondiéndose del gris
cielo de marzo y sus atascos,
tragando niebla por la nariz,
soñando contigo en los lavabos:
Jurando no salir con vida,

Víctor Jara - Te recuerdo Amanda

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Te recuerdo Amanda
la calle mojada
corriendo a la fábrica
donde trabajaba Manuel.
La sonrisa ancha
la lluvia en el pelo
no importaba nada
ibas a encontrarte con él
con él, con él, con él
son cinco minutos
la vida es eterna
en cinco minutos
suena la sirena
de vuelta al trabajo
y tú caminando
lo iluminas todo
los cinco minutos
te hacen florecer.

Te recuerdo Amanda
la calle mojada
corriendo a la fábrica
donde trabajaba Manuel.
La sonrisa ancha
la lluvia en el pelo
no importaba nada
ibas a encontrarte con él
con él, con él, con él
que partió a la sierra
que nunca hizo daño
que partió a la sierra
y en cinco minutos
quedó destrozado
suena la sirena
de vuelta al trabajo
muchos no volvieron
tampoco Manuel.

Te recuerdo Amanda
la calle mojada
corriendo a la fábrica
donde trabajaba Manuel.

Víctor Jara (1968).

Joaquín Sabina - Lo niego todo

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Ni ángel con alas negras
ni profeta del vicio,
ni héroe en las barricadas
ni ocupa, ni esquirol.
Ni rey de los suburbios
ni flor del precipicio
ni cantante de orquesta
ni el Dylan español.

Ni el abajo firmante
ni vendedor de humo,
ni juglar del asfalto
ni rojo de salón.
Ni escondo la pasión
ni la perfumo,
ni he quemado mis naves
ni sé pedir perdón.

Lo niego todo
aquellos polvos y estos lodos,
lo niego todo
incluso la verdad.

La leyenda del suicida
y la del bala perdida,
la del santo beodo;
si me cuentas mi vida,
lo niego todo.

El tiburón de Hacienda
confiscador de bienes,
me ha cerrado la tienda,
me ha robado el mes de abril.

Si es para hacerme daño
sé lo que me conviene,
he defraudado a todos,
empezando por mí.

Ni soy un libro abierto
ni quien tú te imaginas,
lloro con las más cursis
películas de amor.

Me echaron de los bares
que usaba de oficina,
y una venus latina
me dio la extremaunción.

Lo niego todo
aquellos polvos y estos lodos,
lo niego todo
incluso la verdad.

La leyenda …