sábado, 31 de enero de 2015

Preguntitas sobre Dios (el abuelo).




Un día yo pregunté:
¿Abuelo, dónde está Dios?
Mi abuelo se puso triste,
y nada me respondió.

Mi abuelo murió en los campos,
sin rezo ni confesión.
Y lo enterraron los indios,
flauta de caña y tambor.

Al tiempo yo pregunté:
¿Padre, qué sabes de Dios?
Mi padre se puso serio
y nada me respondió.

Mi padre murió en la mina
sin doctor ni protección.
¡Color de sangre minera
tiene el oro del patrón!

Mi hermano vive en los montes
y no conoce una flor.
Sudor, malaria y serpientes,
la vida del leñador.

Y que naiden le pregunte
si sabe dónde está Dios.
Por su casa no ha pasado
tan importante señor.



Yo canto por los caminos,
y cuando estoy en prisión
oigo las voces del pueblo
que canta mejor que yo.



Hay un asunto en la tierra
más importante que Dios.
Y es que naide escupa sangre
pa' que otro viva mejor.

¿Que Dios vela por los pobres?
Tal vez sí, y tal vez no.
Pero es seguro que almuerza
en la mesa del patrón.

 Atahualpa Yupanqui





 

Otro Enero



-A la tristeza de un Enero-

Díptico

-I-
1988


Ni mil vidas calcinadas, 
ni mil muertos en la hoguera, 
ni mil sueños degollados 
por la llama inquisidora;

Ni incendiando los Eneros 
de futuros tiempos nuevos
 lograrán cegar la firme decisión 
de un pueblo que asumió vivir…

Simplemente porque el odio eligió el fuego 
de querer quemar la historia inexorable 
de querer quemar la vida siempre eterna 
de querer quemar los sueños innegables 
con lo absurdo de su propia muerte lenta 
de su propia destrucción

Y un Enero tristemente nos envuelve 
en el luto más horrendo y más obscuro 
y es que duele el fuego intenso 
en las entrañas que nos queman 
cuando pedimos vivir…

Tendrán que cegar la faz del mundo entero 
o al anciano pordiosero en cada esquina 
o quizá quemar el fuego 
que elegimos por amor 
o quizá quemar las llamas 
que ahora encienden la canción

Ni incendiando los Eneros 
de futuros tiempos nuevos 
lograrán cegar la firme decisión de un pueblo 
que asumió vivir…

-II-
2015 


Y aquí estamos porque amamos otros fuegos: 
el que enciende el primer sol de los abuelos, 
el que nos inflama sueños obstinados, 
el que liberó del miedo a nuestros ojos, 
el que abraza la justicia de los besos, 
de las aves y el Tijax

Y volvimos en Enero 
rompiendo los tiempos nuevos 
para proseguir la ruta 
convertidos en simiente 
para el buen vivir…

Vuelve Enero y nos alumbra 
con la dignidad 
y otro Enero nos alumbra 
con la dignidad 
y este Enero nos alumbra 
con la dignidad 
y este Enero nos alumbra...

 Fernando López / 1988-2015

El 31 de enero de 1980, fue incendiada la embajada de España en Guatemala, causando la muerte a 37 personas; entre las víctimas se encontraban 22 campesinos de Quiché, cinco estudiantes universitarios, dos exfuncionarios guatemaltecos visitantes de la embajada y ocho empleados. Aunque en su momento Elías Barahona (quien fuera vocero oficial del Ministerio del Interior), señaló como responsable directo al entonces presidente de Guatemala, el general Romeo Lucas García (en una conferencia de prensa que dio después de pedir asilo en Panamá), la Justicia de Guatemala sentenció el pasado 21 de enero a Pedro García Arredondo (ex jefe del Comando Seis de la desaparecida Policía Nacional), a 90 años de prisión, al declararlo culpable por la quema de la Embajada de España y la muerte de dos estudiantes universitarios.

Es en este terrible marco, que Fernando López escribe esta canción, como un tributo a la memoria de las víctimas y con la alegría de saber que aunque sea tarde, se ha hecho un poco de Justicia con la desición que tomó el Tribunal B de Mayor Riesgo, el pasado 21 de enero de 2015.






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