Entradas

Eduardo Galeano - El miedo global

Imagen
Los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo.

 Los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo.

 Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida.

 Los automovilistas tienen miedo de caminar y los peatones tienen miedo de ser atropellados.

 La democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje miedo de decir.

 Los civiles tienen miedo a los militares, los militares tienen miedo a la falta de armas, las armas tienen miedo a la falta de guerras.

 Es el tiempo del miedo.

 Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo.

 Miedo a los ladrones, miedo a la policía.

 Miedo a la puerta sin cerradura, al tiempo sin relojes, al niño sin televisión, miedo a la noche sin pastillas para dormir y miedo al día sin pastillas para despertar.

 Miedo a la multitud, miedo a la soledad, miedo a lo que fue y a lo que puede ser, miedo de morir, miedo de vivir...

Eduardo Galeano - Patas arriba. La escuela del mundo al revés.

Mario Benedetti - Pasatiempo

Imagen
Cuando éramos niños
los viejos tenían como treinta
un charco era un océano
la muerte lisa y llana
no existía

luego cuando muchachos
los viejos eran gente de cuarenta
un estanque era océano
la muerte solamente
una palabra

ya cuando nos casamos
los ancianos estaban en cincuenta
un lago era un océano
la muerte era la muerte
de los otros

ahora veteranos
ya le dimos alcance a la verdad
el océano es por fin el océano
pero la muerte empieza a ser
la nuestra.

Mario Benedetti

Eduardo Galeano - Celebración de la amistad/2

Imagen
Juan Gelman me contó que una señora se había batido a paraguazos, en una avenida de París, contra toda una brigada de obreros municipales. Los obreros estaban cazando palomas cuando ella emergió de un increíble Ford a bigotes, un coche de museo, de aquellos que arrancaban a manivela; y blandiendo su paraguas, se lanzó al ataque.

 A mandobles se abrió paso, y su paraguas justiciero rompió las redes donde las palomas habían sido atrapadas. Entonces, mientras las palomas huían en blanco alboroto, la señora la emprendió a paraguazos contra los obreros.
 Los obreros no atinaron más que a protegerse, como pudieron, con los brazos, y balbuceaban protestas que ella no oía: más respeto, señora, haga el favor, estamos trabajando, son órdenes superiores, señora, por qué no le pega al alcalde, cálmese, señora, qué bicho la picó, se ha vuelto loca esta mujer...

 Cuando a la indignada señora se le cansó el brazo, y se apoyó en una pared para tomar aliento, los obreros ex…