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Rayuela/Capítulo 3 - Julio Cortázar

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El tercer cigarrillo del insomnio se quemaba en la boca de Horacio Oliveira sentado en la cama; una o dos veces había pasado levemente la mano por el pelo de la Maga dormida contra él. Era la madrugada del lunes, habían dejado irse la tarde y la noche del domingo, leyendo, escuchando discos, levantándose alternativamente para calentar café o cebar mate. Al final de un cuarteto de Haydn la Maga se había dormido y Oliveira, sin ganas de seguir escuchando, desenchufó el tocadiscos desde la cama; el disco siguió girando unas pocas vueltas, ya sin que ningún sonido brotara del parlante. No sabía por qué pero esa inercia estúpida lo había hecho pensar en los movimientos aparentemente inútiles de algunos insectos, de algunos niños. No podía dormir, fumaba mirando la ventana abierta, la bohardilla donde a veces un violinista con joroba estudiaba hasta muy tarde. No hacía calor, pero el cuerpo de la Maga le calentaba la pierna y el flanco derecho; se apartó poco a poco, pensó que la noche ib…
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Jorge Luis Borges - Insomnio

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De fierro,
de encorvados tirantes de enorme fierro tiene que ser la noche,
para que no la revienten y la desfonden
las muchas cosas que mis abarrotados ojos han visto,
las duras cosas que insoportablemente la pueblan.
Mi cuerpo ha fatigado los niveles, las temperaturas, las luces:
en vagones de largo ferrocarril,
en un banquete de hombres que se aborrecen,
en el filo mellado de los suburbios,
en una quinta calurosa de estatuas húmedas,
en la noche repleta donde abundan el caballo y el hombre.

El universo de esta noche tiene la vastedad
del olvido y la precisión de la fiebre.

En vano quiero distraerme del cuerpo
y del desvelo de un espejo incesante
que lo prodiga y que lo acecha
y de la casa que repite sus patios
y del mundo que sigue hasta un despedazado arrabal
de callejones donde el viento se cansa y de barro torpe.

En vano espero
las desintegraciones y los símbolos que preceden al sueño.

Sigue la historia universal:
los rumbos minuciosos de la muerte en las caries dentales,
la ci…

Los abuelos de la nada - Mil horas

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Hace frío
y estoy lejos de casa,
hace tiempo que estoy sentado
sobre esta piedra,
yo me pregunto
para qué sirven las guerras...

Tengo un cohete en el pantalón,
vos estás tan fría
(como la nieve a mi alrededor),
vos estás tan blanca,
que yo no sé que hacer.

La otra noche te esperé
bajo la lluvia dos horas,
mil horas; como un perro.
Y cuando llegaste, me miraste y me dijiste:
"Loco, estás mojado, ya no te quiero".

En el circo, vos ya sos una estrella
(una estrella roja que todo se lo imagina).
Si te preguntan,
vos no me conocías, no, no.

Tengo un cohete en el pantalón,
vos estás tan fría
(como la nieve a mi alrededor),
vos estás tan blanca,
que ya no sé que hacer.

(Te esperé bajo la lluvia no, no, no...).

La otra noche te esperé
bajo la lluvia dos horas,
mil horas, como un perro.
Y cuando llegaste, me miraste y me dijiste:
"Loco, estás mojado, ya no te quiero".

La otra noche te esperé
bajo la lluvia dos horas,
mil horas, como un perro.
Y cuando lleg…
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