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domingo, 20 de abril de 2014

Prohibido



Aquí estoy detrás de mi nariz, 
bohemio, renegado, sin destino.
Disidente, como un equívoco, un error, 

un loco, un transgresor, un mal parido:
Con los puños apretados,
con la cara endurecida,
y este amargo en la saliva...


Aquí voy en esta nube gris,
con tanta necedad, echando chispas.
Exiliado en el descaro de vivir,
como un tumor maligno en tu sonrisa:
Verás que no estoy solo, 

somos muchos los proscritos,
los bastardos, los malditos...

Y estoy aquí,
oculto en el rincón de lo prohibido
pensando en ti,
tratando de ser otro, pero el mismo.

Insurrecto, perseguido, ilegal y fugitivo:
Tengo un sueño clandestino, para ti.

¿Y qué esperas de mí? 

Si ya nomás me queda este camino,
siempre huyendo en el silencio,
con esta soledad, y mis canciones:
De este mundo pies de plomo,
aburrido y fanfarron, 

perfumado y socarron

Y estoy aquí, 

oculto en el rincón de lo prohibido,
pensando en ti,
tratando de ser otro, pero el mismo. 

Insurrecto, perseguido, ilegal y fugitivo:
Tengo un sueño clandestino, para ti...

Francisco Barrios "El Mastuerzo".






El remordimiento

He cometido el peor de los pecados
que un hombre puede cometer. No he sido
feliz. Que los glaciares del olvido
me arrastren y me pierdan, despiadados.


Mis padres me engendraron para el juego
arriesgado y hermoso de la vida,
para la tierra, el agua, el aire, el fuego.
Los defraudé. No fui feliz. Cumplida

no fue su joven voluntad. Mi mente
se aplicó a las simétricas porfías
del arte, que entreteje naderías.

Me legaron valor. No fui valiente.
No me abandona. Siempre está a mi lado
La sombra de haber sido un desdichado.


Jorge Luis Borges







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EMBRIÁGUENSE

Hay que estar ebrio siempre. Todo reside en eso: ésta es la única cuestión. Para no sentir el horrible peso del Tiempo que nos rompe las espaldas y nos hace inclinar hacia la tierra, hay que embriagarse sin descanso.

Pero, ¿de qué? De vino, de poesía o de virtud, como mejor les parezca. Pero embriáguense.

Y si a veces, sobre las gradas de un palacio, sobre la verde hierba de una zanja, en la soledad huraña de su cuarto, la ebriedad ya atenuada o desaparecida ustedes se despiertan pregunten al viento, a la ola, a la estrella, al pájaro, al reloj, a todo lo que huye, a todo lo que gime, a todo lo que rueda, a todo lo que canta, a todo lo que habla, pregúntenle qué hora es; y el viento, la ola, la estrella, el pájaro, el reloj, contestarán:

“¡Es hora de embriagarse!"

Para no ser los esclavos martirizados del Tiempo, ¡embriáguense, embriáguense sin cesar! De vino, de poesía o de virtud, como mejor les parezca.


Charles Baudelaire