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Eduardo Galeano - Día de la justicia social

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Febrero 20
 A fines del siglo diecinueve, Juan Pío Acosta vivía en la frontera uruguaya con Brasil.
 Su trabajo lo obligaba a ir y venir, de pueblo en pueblo, a través de aquellas soledades.
 Viajaba en un carro de caballos, junto a ocho pasajeros de primera, segunda y tercera clase.
 Juan Pío compraba siempre el pasaje de tercera, que era el más barato.
 Nunca entendió por qué había precios diferentes.
 Todos viajaban igual, los que pagaban más y los que pagabn menos: apretados unos contra otros, mordiendo polvo, sacudidos por el incesante traqueteo.
 Nunca entendió por qué, hasta que un mal día de invierno el carro se atascó en el barro. Y entonces el mayoral mandó:
-¡Los de primera se quedan arriba!       -¡Los de segunda se bajan!       -Y los de tercera... ¡a empujar!
Eduardo Galeano - Los hijos de los días.

Mario Benedetti - Terapia de soledad

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Querido mío: Aquí estoy, en mi isla, que no es exactamente eso, ya que no está rodeada de mar sino de vegetación, de árboles, de campo propiamente dicho. Pero es una isla en un sentido espiritual. Aunque tampoco es eso, ya que estoy rodeada de lejanas presencias y cercanas ausencias, del recuerdo de otros y de las corrientes de mi propia memoria. ¿Te parezco complicada? Puede ser. Bien sabes que de un tiempo a esta parte sentía la necesidad de aislarme, de reencontrarme con mi soledad perdida (Marcel Proust viejo y peludo!). Por suerte lo entendiste y te confieso que esa comprensión aumentó mi amor (y también mi respeto) hacia vos. Estoy convencida de que el respeto por la soledad del ser amado es una de las menos frecuentes pero más entrañables formas del amor, ¿no te parece?
 Creo que los diez años de bienllevado matrimonio precisaban de esta afirmación de nuestras dos identidades. Es un regalo del destino que seamos tan distintos, algo que nos habilita a descubrirnos…

Facundo Cabral - No soy de aquí ni soy de allá...

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Me gusta el sol, Alicia y las palomas,
el buen cigarro y la guitarra española,
saltar paredes y abrir las ventanas
y cuando llora una mujer.

Me gusta el vino tanto como las flores
y los conejos pero no los tractores,
el pan casero y la voz de Dolores
y el mar mojándome los pies.

No soy de aquí ni soy de allá,
no tengo edad ni porvenir:
Y ser feliz es mi color de identidad...

Me gusta estar tirado siempre en la arena
o en bicicleta perseguir a Manuela;
o todo el tiempo para ver las estrellas,
con la María en el trigal.

No soy de aquí ní soy de allá,
no tengo edad ni porvenir:
Y ser feliz es mi color de identidad...


Facundo Cabral