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Esta frase pertenece al relato " La pobreza como delito " de Eduardo Galeano . Día tras día, se niega a los niños el derecho de ser niños. Los hechos, que se burlan de ese derecho, imparten sus enseñanzas en la vida cotidiana. El mundo trata a los niños ricos como si fueran dinero, para que se acostumbren a actuar como el dinero actúa. El mundo trata a los niños pobres como si fueran basura, para que se conviertan en basura. Y a los del medio, a los niños que no son ricos ni pobres, los tiene atados a la pata del televisor, para que desde muy temprano acepten, como destino, la vida prisionera. Mucha magia y mucha suerte tienen los niños que consiguen ser niños. Eduardo Galeano - Patas arriba. La escuela del mundo al revés .
Las mejores canciones y frases de Los Redondos , el Indio Solari y el Rock en español . La hija del fletero, linda, infinita, volvió a Madrid, donde parece que es feliz; ese día me mandó al descenso, recuerdo como su mirada me volteó. Pero dos que se quieren se dicen cualquier cosa: ¡Ay, si pudieras recordar sin rencor! En mi buzón hay un par de cartas tuyas fueron juntándose, y no tengo el valor... Todavía su amor me da descargas (nunca tuvo el higo seco junto a mí). Pero a los ciegos no le gustan los sordos y un corazón no se endurece porque sí. No calentás la misma cama por dos noches, me reclamaba y no la quise oír, hice de todo por impresionarla y dejé huérfano todo su penar. Pero dos que se quieren se dicen cualquier cosa: ¡Ay, si pudieras recordar sin rencor! No me gustó como nos despedimos daban sus labios rocío y no bebí. Sopa de almejas es todo lo que como (siempre fui menos que mi reputación). Pero a los ciegos no le gustan l...
Los mejores escritos y frases del Subcomandante Marcos . La carta que el Sup escribió para que Elías Contreras le entregara, como si propia fuera, a La Magdalena. Magdalena: Te vi de madrugada. Escondida o encerrada estabas en una torre de calendarios y geografías absurdas que me decían que no era bienvenido. Pero, apenas un momento, y te asomaste entera, hermosa y desnuda de prejuicios, luchando a favor de este nadie que soy y rescatándome de una noche ajena. Yo me quedé temblando, aún lo estoy. Deslumbrado todavía, en los pasos que siguieron y dimos juntos, lo que antes entró por la mirada, suavemente se llegó a mi pecho por camino desconocido. Te vi, y yo pensé que eso me bastaría, que tu imagen sería suficiente para tomar fuerza y alejarme para que, cuando el tiempo pidiera cuentas, el saldo fuera apenas un recuerdo de la tormenta que por cabellos llevas, el collar de besos que imaginé para tu cuello. Pero no, no fue su...