Eduardo Galeano - Alfonsina Storni


 A la mujer que piensa se le secan los ovarios. Nace la mujer para producir leche y lágrimas, no ideas; y no para vivir la vida sino para espiarla desde las ventanas a medio cerrar. Mil veces se lo han explicado y Alfonsina Storni nunca lo creyó. Sus versos más difundidos protestan contra el macho enjaulador.
 Cuando hace años llegó a Buenos Aires desde provincias, Alfonsina traía unos viejos zapatos de tacones torcidos y en el vientre un hijo sin padre legal.

 En esta ciudad trabajó en lo que hubiera; y robaba formularios del telégrafo para escribir sus tristezas.

 Mientras pulía las palabras, verso a verso, noche a noche, cruza los dedos y besaba las barajas que anunciaba viajes y herencias y amores.

 El tiempo ha pasado, casi un cuarto de siglo; y nada le regaló la suerte. Pero peleando a brazo partido Alfonsina ha sido capaz de abrirse paso en el masculino mundo. Su cara de ratona traviesa nunca falta en las fotos que congregan a los escritores argentinos más ilustres.

 Este año, en el verano, supo que tenía cáncer. Desde entonces escribe poemas que hablan del abrazo de la mar y de la casa que la espera allá en el fondo de la avenida de las madréporas.



"Sabe Dios qué angustia te acompañó qué dolores viejos, calló tu voz para recostarte arrullada en el canto de las caracolas marinas."
Esta frase pertenece a la canción
Alfonsina y el mar.

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