Comienzas a ser mi lejanía

Ahora
se encrespa
en mí
la tarde,
como un océano
ciego
empecinado en alcanzar
la punta ardiendo
de una estrella lejana.

La tarde en mí
se encrespa,
digo,
porque no quiere
tu ausencia,
y no le gusta
verme contigo,
mi amor,
mi negra.

Son las seis
amargas de la tarde,
y siempre serán
en adelante las seis,
durante todos los días
que aún me quedan
por sufrir.

El viento ya no busca
mi amor en tus cabellos.

Ahora pasa y pasa
tan solitario y triste ya,
que uno sin querer
siente que le nace
en el pecho
tu rostro tahitiano,
cuyo lenguaje
pregunta por mis manos
todavía.

Es un día de agosto
y siempre será agosto
en mi memoria.

Ahora comienzo de verdad.
a estar solo
Y va conmigo nada más
la triste alegría,
que aún conservo,
del último día
que estuviste en mis labios.

Aquella tarde, amor,
vi en lo alto de ti
que la felicidad
ardía
suavemente.
Entonces
yo también
estuve alegre,
y hundí, como nunca,
mi alma
en tu regazo bondadoso.

Ahora
me abraza ciegamente
tu ausencia,
y yo me aferro a ella,
porque es lo último
tuyo
que quieren dejarme
los que nunca entendieron,
que cuando dos enamorados
se besan, como tú y yo,
amor mío, se besa también
toda la ternura
de la tierra.

Ahora estoy solo.
Y sin que nadie
de ambos lo quisiera,
tú comienzas
también a ser mi lejanía.

Otto René Castillo