Último escrito de Víctor Jara*


Somos cinco mil aquí.
En esta pequeña parte de la ciudad.
Somos cinco mil.

¿Cuántos somos en total
en las ciudades y en todo el país?

Somos aquí diez mil manos
que siembran y hacen andar las fábricas.

¡Cuánta humanidad
con hambre, frío, pánico, dolor,
presión moral, terror y locura!

Seis de los nuestros se perdieron
en el espacio de las estrellas.

Un muerto, un golpeado como jamás creí
se podría golpear a un ser humano.

Los otros cuatro quisieron quitarse todos los temores,
uno saltando al vacío,
otro golpeándose la cabeza contra el muro,
pero todos con la mirada fija de la muerte.

¡Qué espanto causa el rostro del fascismo!

Llevan a cabo sus planes con precisión artera sin importarles nada.
La sangre para ellos son medallas.
La matanza es acto de heroísmo.

¿Es éste el mundo que creaste, Dios mío?
¿Para esto tus siete días de asombro y trabajo?

En estas cuatro murallas sólo existe un número que no progresa.
Que lentamente querrá la muerte.

Pero de pronto me golpea la consciencia
y veo esta marea sin latido
y veo el pulso de las máquinas
y los militares mostrando su rostro de matrona lleno de dulzura.

¿Y Méjico, Cuba, y el mundo?
¡Qué griten esta ignominia!

Somos diez mil manos que no producen.
¿Cuántos somos en toda la patria?

La sangre del Compañero Presidente
golpea más fuerte que bombas y metrallas.

Así golpeará nuestro puño nuevamente.
Canto, que mal me sales
cuando tengo que cantar espanto.

Espanto como el que vivo, como el que muero, espanto.

De verme entre tantos y tantos momentos del infinito
en que el silencio y el grito son las metas de este canto.

Lo que nunca vi, lo que he sentido y lo que siento
hará brotar el momento...
Víctor Jara
(28/09/1932 - 15-16/09/1973)





*Esta carta fue escrita entre el 12 y el 15 de Septiembre, en el "Estadio Chile" (ahora llamado Víctor Jara), lugar donde fue llevado, junto con miles de chilenos declarados enemigos de la patria por la junta militar y la oligarquía después del golpe de Estado perpretado el 11 de Septiembre de ese mismo año (donde murió Salvador Allende). Finalmente es reconocido por los milicos y tras haber sido brutalmente torturado, es asesinado entre la noche del 15 y la madrugada del 16 de septiembre del 73. El legado de este hombre que siempre cantó al amor, la vida y la solidaridad humana (así como su escencia) es inmortal, hombres como él no mueren. Vive Víctor Jara por siempre en todos los que creemos que otro mundo es posible.