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Eduardo Galeano - Palabras perdidas

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Los mejores relatos y frases del libro " Bocas del tiempo " de Eduardo Galeano .  Por las noches, Avel de Alencar cumplía su misión prohibida.  Escondido en una oficina de Brasilia, él fotocopiaba, noche tras noche, los papeles secretos de los servicios militares de seguridad: informes, fichas y expedientes que llamaban interrogatorios a las torturas y enfrentamientos a los asesinatos.  En tres años de trabajo clandestino, AM fotocopió un millón de páginas. Un confesionario bastante completo de la dictadura que estaba viviendo sus últimos tiempos de poder absoluto sobre las vidas y milagros de todo Brasil.  Una noche, entre las páginas de la documentación militar, AM descubrió una carta. La carta había sido escrita quince años antes, pero el beso que la firmaba, con labios de mujer, estaba intacto.  A partir de entonces, encontró muchas cartas. Cada una estaba acompañada por el sobre que no había llegado a destino.  Él no sab...

Eduardo Galeano - Los juegos del tiempo

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 Dizque dicen que había una vez dos amigos que estaban contemplando un cuadro. La pintura, obra de quién sabe quién, venía de China. Era un campo de flores en tiempo de cosecha.   Uno de los dos amigos, quién sabe por qué, tenía la vista clavada en una mujer, una de las muchas mujeres que en el cuadro recogían amapolas en sus canastas. Ella llevaba el pelo suelto, llovido sobre los hombros.  Por fin ella le devolvió la mirada, dejó caer su canasta, extendió los brazos y, quién sabe cómo, se lo llevó.  Él se dejó ir hacia quién sabe dónde, y con esa mujer pasó las noches y los días, quién sabe cuántos, hasta que un ventarrón lo arrancó de allí y lo devolvió a la sala donde su amigo seguía plantado ante el cuadro.  Tan brevísima había sido aquella eternidad que el amigo ni se había dado cuenta de su ausencia. Y tampoco se había dado cuenta de que esa mujer, una de las muchas mujeres que en el cuadro recogían amapolas en sus canastas...

Eduardo Galeano - Los tiempos del tiempo

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Los mejores relatos y frases del libro " Bocas del tiempo " de Eduardo Galeano .  Él es uno de los fantasmas. Así llama la gente de Sainte Elie a los pocos viejos que siguen hundidos en el barro, moliendo piedras, escarbando arena, en esta mina abandonada que ni cementerio ha tenido nunca, porque ni los muertos han querido quedarse.  Hace medio siglo, este minero, venido de muy lejos, llegó al puerto de Cayena, y se internó en busca de la tierra prometida. En aquellos tiempos, aquí había florecido el jardín de los frutos de oro, y el oro redimía a cualquier forastero muerto de hambre y lo devolvía a casa muy gordo de oro, si la suerte quería.  La suerte no quiso. Pero este minero sigue aquí, sin más ropa que un taparrabos, comiendo nada, comido por los mosquitos. Y en busca de nada revuelve la arena día tras día, sentado ante la batea, bajo un árbol más flaco que él, que apenas lo defiende de la ferocidad del sol. Sebastián Salgado llega a esta ...

Eduardo Galeano - Huellas

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Las huellas de Laetoli .  Una pareja venía caminando por la sabana, en el oriente del África, mientras nacía la estación de las lluvias. Aquella mujer y aquel hombre todavía se parecían bastante a los monos, la verdad sea dicha, aunque ya andaban erguidos y no tenían rabo.  Un volcán cercano, ahora llamado Sadiman, estaba echando cenizas por la boca. La ceniza guardó los pasos de la pareja, desde aquel tiempo, a través de todos los tiempos. Bajo el manto gris han quedado, intactas, las huellas. Y esos pies nos dicen, ahora, que aquella Eva y aquel Adán venían caminando juntos, cuando a cierta altura ella se detuvo, se desvió y caminó unos pasos por su cuenta. Después, volvió al camino compartido.  Las huellas humanas más antiguas han dejado la marca de una duda.  Algunos añitos han pasado. La duda sigue. Eduardo Galeano - Bocas del tiempo .

Ladrones de palabras - Eduardo Galeano

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Los mejores relatos y frases de Eduardo Galeano .  Según el diccionario de nuestro tiempo, las buenas acciones ya no son los nobles gestos del corazón, sino las acciones que cotizan bien en la bolsa, y la bolsa es el escenario donde ocurren las crisis de valores.  El mercado ya no es el entrañable lugar donde uno compra frutas y verduras en el barrio. Ahora se llama Mercado un terrible señor sin rostro, que dice ser eterno y nos vigila y nos castiga. Sus intérpretes anuncian: El Mercado está nervioso, y advierten: No hay que irritar al Mercado .   Comunidad Internacional es el nombre de los grandes banqueros y de los jefes guerreros. Sus planes de ayuda venden salvavidas de plomo a los países que ellos ahogan y sus misiones de paz pacifican a los muertos.  En los Estados Unidos, el Ministerio de Ataques se llama Secretaría de Defensa, y se llaman bombardeos humanitarios sus diluvios de misiles contra el mundo.  En una pared, esc...

Esos aplausos - Eduardo Galeano

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Los mejores poemas y frases de Federico García Lorca .  Desde que García Lorca había caído, acribillado a balazos, en los albores de la guerra española, La zapatera prodigiosa no aparecía en los escenarios de su país. Muchos años habían pasado cuando los teatreros del Uruguay llevaron esa obra a Madrid.  Actuaron con alma y vida.  Al final, no recibieron aplausos. El público se puso a patear el suelo, a toda furia; y los actores no entendían nada. China Zorrilla lo contó:  –Nos quedamos pasmados. Un desastre. Era para ponerse a llorar.  Pero después, estalló la ovación. Larga, agradecida. Y los actores seguían sin entender.  Quizás aquel primer aplauso con los pies, aquel trueno sobre la tierra, había sido para el autor. Para el autor, fusilado por rojo, por marica, por raro. Quizás había sido una manera de decirle: para que sepas, Federico, lo vivo que estás. Eduardo Galeano - Bocas del tiempo ....

Mano de obra - Eduardo Galeano

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Esta frase pertenece al relato " La pobreza como delito " de Eduardo Galeano .  Mohammed Ashraf no va a la escuela.  Desde que sale el sol hasta que asoma la luna, él corta, recorta, perfora, arma y cose pelotas de fútbol, que salen rodando de la aldea paquistaní de Umar Kot hacia los estadios del mundo.  Mohammed tiene once años. Hace esto desde los cinco.  Si supiera leer, y leer en inglés, podría entender la inscripción que él pega en cada una de sus obras: Esta pelota no ha sido fabricada por niños. Eduardo Galeano - Bocas del tiempo .

El cantor - Eduardo Galeano

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Esta frase pertenece a la canción " Milonga para una niña " de Alfredo Zitarrosa .  Cuando Alfredo Zitarrosa murió en Montevideo, su amigo Juceca subió con él hasta los portones del Paraíso, por no dejarlo solo en esos trámites. Y cuando volvió, Juceca nos contó lo que había escuchado.  San Pedro preguntó nombre, edad, oficio.   – Cantor –dijo Alfredo. El portero quiso saber: cantor de qué.  – Milongas –dijo Alfredo.  San Pedro no conocía. Lo picó la curiosidad, y mandó:  – Cante .  Alfredo cantó. Una milonga, dos, cien. San Pedro quería que aquello no acabara nunca. La voz de Alfredo, que tanto había hecho vibrar los suelos, estaba haciendo vibrar los cielos.  Y Dios, que andaba por ahí pastoreando nubes, paró la oreja. Y contó Juceca que ésa fue la única vez que Dios no supo quién era Dios. Eduardo Galeano - Bocas del tiempo .

Morgan - Eduardo Galeano

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Ayer salí a pasear con Morgan, mi perro, y me crucé con una niña, una persona diminuta. La nena caminaba como un osito borracho, y se acercaba a los canteros a decir “hola pastito, buen día pastito”. Yo le dije a Morgan: “¿ves? A esa edad todos somos paganos”.  El sol lo atrapa, Morgan huye. Vuela sobre la arena, ondula en el oleaje, y dan ganas de aplaudir esa ráfaga roja. Pero Morgan se llama así por sus costumbres de pirata, y las víctimas no lo consideran tan admirable. Brincón y ladrón, a Morgan lo persigue el sol y también lo persigue el propietario de una pelota de tenis o sandwich o zapatilla o prenda íntima que él ha usurpado para hundirse en el agua con el botín entre los dientes.  Nunca supo ajuiciarse. Hasta ahora, que se sepa, nunca nadie lo ha visto quieto, ni ha mostrado nunca el menor indicio de cansancio o arrepentimiento.  Morgan ya llevaba cuatro años haciendo perrerías en el mundo, cuando Manuel Monteverde,...

El alegato - Eduardo Galeano

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Los mejores relatos y frases de Eduardo Galeano .  – Declare su versión de los hechos –mandó el juez.   El escribiente, las manos en el teclado, transcribió los dichos del acusado, conocido por su apodo de El Tornillo, residente en la ciudad de Melo, mayor de edad, de estado civil soltero, de profesión desocupado.   El acusado no negó su responsabilidad en el delito que se le imputaba. Sí, él había estrangulado una gallina que no era de su propiedad. Alegó:   – Tuve que matarla. Hacía tiempo que me chiflaba la panza vacía .   Y concluyó:   – Fue en defensa propia, señor juez. Eduardo Galeano - Bocas del Tiempo .

El nombre - Eduardo Galeano

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Los mejores relatos y frases de Eduardo Galeano .  El pueblo de Cerro Chato nunca tuvo ningún cerro, ni chato ni puntiagudo. Pero Javier Zeballos recuerda que Cerro Chato sí tenía, en los tiempos de su infancia, tres comisarios, tres jueces y tres doctores.   Uno de los doctores, que vivía en el centro, era la brújula de los mandados. La mamá de Javier lo orientaba así: – De la casa del Doctor Galarza, vas dos cuadras para abajo .   –Esto queda en la esquina del Doctor Galarza.   –Anda a la farmacia que está a la vuelta del Doctor Galarza.   Y allá marchaba Javier. A cualquier hora que pasara por allí, con sol o con luna, el Doctor Galarza estaba siempre sentado en el zaguán de su casa, mate en mano, dando cumplida respuesta a los saludos del vecindario, buenos días, Doctor; buenas tardes, Doctor; buenas noches, Doctor.   Ya Javier era hombre crecido, cuando se le ocurrió preguntar por qué el Doct...

Mudos - Eduardo Galeano

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Los mejores relatos y frases de Eduardo Galeano .  Muchos son los anillos que sus cumpleaños les han dibujado en el tronco. Estos árboles, estos gigantes añosos, llevan siglos clavados en lo hondo de la tierra, y no pueden huir. Indefensos ante las sierras eléctricas, crujen y caen. En cada derrumbamiento se viene abajo el mundo; y el pajarerío queda sin casa.  Mueren asesinados los viejos incómodos. En su lugar, crecen los jóvenes rentables. Los bosques nativos abren paso a los bosques artificiales. El orden, orden militar, orden industrial, triunfa sobre el caos natural. Parecen soldados en fila los pinos y los eucaliptos de exportación, que marchan rumbo al mercado internacional.  Fast food, fast wood : los bosques artificiales crecen en un ratito y se venden en un santiamén. Fuentes de divisas, ejemplos de desarrollo, símbolos del progreso, estos criaderos de madera resecan la tierra y arruinan los suelos.  En ellos, no ca...

Los siete pecados capitales - Eduardo Galeano

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Los mejores relatos y frases de Eduardo Galeano .  De rodillas en el confesionario, un arrepentido admitió que era culpable de avaricia, gula, lujuria, pereza, envidia, soberbia e ira:  Jamás me confesé. Yo no quería que ustedes, los curas, gozaran más que yo con mis pecados, y por avaricia me los guardé.  ¿Gula? Desde la primera vez que la vi, confieso, el canibalismo no me pareció tan mal.  ¿Se llama lujuria eso de entrar en alguien y perderse allí adentro y nunca más salir?  Esa mujer era lo único en el mundo que no me daba pereza.  Yo sentía envidia. Envidia de mí. Lo confieso.  Y confieso que después cometí la soberbia de creer que ella era yo.  Y quise romper ese espejo, loco de ira, cuando no me vi. Eduardo Galeano - Bocas del tiempo .

El electricista - Eduardo Galeano

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Esta frase pertenece al relato " Ventana sobre la memoria III " de Eduardo Galeano .  Andaba en bicicleta, con la escalera al hombro, por los caminos de la pampa infinita. Bautista Riolfo era electricista y también todero, arreglador de todo, motores y relojes, molinos, radios, escopetas, lo que fuera: según se decía, la joroba que tenía en la espalda le había salido de tanto agacharse hurgando máquinas y maquinitas. René Favaloro, el único médico de la comarca, también era todero. Con los pocos instrumentos que tenía y los remedios que encontraba, oficiaba de cirujano, partero, psiquiatra o especialista en lo que se necesitara componer.  Con la ayuda de todos los vecinos, cercanos y distantes, René pudo fundar una clínica comunitaria. Y con la ayuda de Bautista, pudo instalar el primer equipo de rayos X que hubo en toda la región.  Junto con esa máquina de radiografías, René compró también, en Bahía Blanca, una máquina de mús...

Gente curiosa - Eduardo Galeano

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Los mejores relatos y frases de Eduardo Galeano . Soledad, de cinco años, hija de Juanita Fernández: – ¿Por qué los perros no comen postre? Vera, de seis años, hija de Elsa Villagra: – ¿Dónde duerme la noche? ¿Duerme aquí, abajo de la cama? Luis, de siete años, hijo de Francisca Bermúdez: – ¿Se enojará Dios, si no creo en él?  Yo no sé cómo decírselo. Marcos, de nueve años, hijo de Silvia Awad: – Sí Dios se hizo solo, ¿cómo pudo hacerse la espalda? Carlitos, de cuarenta años, hijo de María Scaglione: – Mamá, ¿a qué edad me sacaste la teta?  Mi psicóloga quiere saber… Eduardo Galeano - Bocas del tiempo .

Instrucciones para triunfar en el oficio - Eduardo Galeano

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Esta frase la cita Eduardo Galeano en el documental " Esta es mi tierra ".  Hace mil años, dijo el sultán de Persia:   -Qué rica.  Él nunca había probado la berenjena, y la estaba comiendo en rodajas aderezadas con jengibre y hierbas del Nilo.  Entonces el poeta de la corte exaltó a la berenjena, que da placer a la boca y en el lecho hace milagros, porque para las proezas del amor es más poderosa que el polvo de diente de tigre o el cuerno rallado de rinoceronte.  Un par de bocados después, el sultán dijo:  -Qué porquería.  Y entonces el poeta de la corte maldijo a la engañosa berenjena, que castiga la digestión, llena la cabeza de malos pensamientos y empuja a los hombres virtuosos al abismo del delirio y la locura.   -Recién llevaste a la berenjena al Paraíso, y ahora la estás echando al infierno -comentó un insidioso.   Y el poeta, que era un profeta de los medios masivos de comunicación, puso ...

Parientes - Eduardo Galeano

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Esta frase pertenece al relato " El derecho al delirio " de Eduardo Galeano .  En 1992, mientras se celebraban los cinco siglos de algo así como la salvación de las Américas, un sacerdote católico llegó a una comunidad metida en las hondonadas del sureste mexicano.  Antes de la misa, fue la confesión. En lengua tojolobal, los indios contaron sus pecados. Carlos Lenkersdorf hizo lo que pudo traduciendo las confesiones, una tras otra, aunque él bien sabía que es imposible traducir esos misterios: – Dice que ha abandonado al maíz –tradujo Carlos–. Dice que muy triste está la milpa. Muchos días sin ir . – Dice que ha maltratado al fuego. Ha aporreado la lumbre, porque no ardía bien. – Dice que ha profanado el sendero, que lo anduvo macheteando sin razón. – Dice que ha lastimado al buey. – Dice que ha volteado un árbol y no le ha dicho por qué. El sacerdote no supo qué hacer con esos pecados, que no figuran en el catálogo de Mois...

Puntos de vista - Eduardo Galeano

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Esta frase pertenece al relato " Gente curiosa " de Eduardo Galeano .  En algún lugar del tiempo, más allá del tiempo, el mundo era gris. Gracias a los indios ishir, que robaron los colores a los dioses, ahora el mundo resplandece; y los colores del mundo arden en los ojos que los miran.  Ticio Escobar acompañó a un equipo de la televisión, que viajó al Chaco, desde muy lejos, para filmar escenas de la vida cotidiana de los ishir.  Una niña indígena perseguía al director del equipo, silenciosa sombra pegada a su cuerpo, y lo miraba fijo a la cara, de muy cerca, como queriendo meterse en sus raros ojos azules.  El director recurrió a los buenos oficios de Ticio, que conocía a la niña y entendía su lengua. Ella confesó:  – Yo quiero saber de qué color ve usted las cosas.  – Del mismo que tú –sonrió el director.  – ¿Y cómo sabe usted de qué color veo yo las cosas? Eduardo Galeano - Bocas del T...

Mapa del tiempo - Eduardo Galeano

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Esta frase pertenece al relato "La noche" del libro Memoria del Fuego II de Eduardo Galeano .  Hace unos cuatro mil quinientos millones de años, año más, año menos, una estrella enana escupió un planeta, que actualmente responde al nombre de Tierra.  Hace unos cuatro mil doscientos millones de años, la primera célula bebió el caldo del mar, y le gustó, y se duplicó para tener a quién convidar el trago.  Hace unos cuatro millones y pico de años, la mujer y el hombre, casi monos todavía, se alzaron sobre sus patas y se abrazaron, y por primera vez tuvieron la alegría y el pánico de verse, cara a cara, mientras estaban en eso.  Hace unos cuatrocientos cincuenta mil años, la mujer y el hombre frotaron dos piedras y encendieron el primer fuego, que los ayudó a pelear contra el miedo y el frío.  Hace unos trescientos mil años, la mujer y el hombre se dijeron las primeras palabras, y creyeron que podían entenderse.  Y en...

El Juicio Final - Eduardo Galeano

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Esta frase pertenece al relato " La naturaleza nos es muda " del libro " Los hijos de los días " de Eduardo Galeano .  ¿Qué sería de nosotros si existiera de veras el “Juicio Final”? No el “Juicio Final” como me lo contaron en el catecismo cuando yo era chico, no, no ese, sino el juicio final que la especie humana merece, un juicio final con un tribunal de jueces con patas, con ramas, con picos, un “Tribunal de la Naturaleza” con hojas, con raíces; que nos acusen con sus ramas, con sus patas, con sus picos, diciendo: ­ –¿Pero en qué supermercado se compraron el mundo ustedes los humanos?  –¿Pero qué se creen que es esto?  –¿Qué dios o diablo les otorgó a ustedes el derecho de maltratarnos, el derecho de asesinarnos, de herirnos, de despreciarnos?  –Y, sobre todo, el título de propiedad del planeta, ¿quién se los dio?  –¿Se creen con derecho de acabar con este planeta que es también nuestro?  No, yo ahí tiemblo ...