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viernes, 4 de marzo de 2016

El deseo y el mundo*

 ¿Cuántos días han transcurrido? ¿Cuántos meses? Una noche se descubre que llevar la cuenta es peor. Antes, antes. Gustavo mira sin ver. Abolir el tiempo. Volver atrás. Quedarme, Carmen, quedarme en vos. Yo creía, Carmen, que no ibas a terminarte nunca. Te apreté la mano y la mano latía, estaba viva como un pájaro. Antes, antes de todo. Y las estrellas, papá, ¿qué hacen durante el día? ¿Por qué ponieron mosquitos en el Arca de Noé? ¿Por qué mamá murió? Dos perros rodaban mordiéndose por los médanos y Gustavo ya había estado preso, no dormía en la casa, tres veces habían venido a revolver las cosas unos tipos de uniforme, estaban armados como los que trabajan en la tele, esos de la serial de “Combate”, daban vuelta la casa y Tavito los miraba sin pestañear y sin abrir la boca, clavado contra la pared; el cuerpo le temblaba hasta los dedos de los pies. Gustavo le había dicho: hay tantas cosas que tendrás que descubrir, Tavito. Las cosas invisibles, las difíciles, la brecha que te espera entre el deseo y el mundo: apretarás los dientes, resistirás, nunca pedirás nada. No, no se vive para ganarle a nadie, Tavito. Se vive para darse.

 Tavito señala, con el mentón, a los soldados.

 -Y estos, ¿no saben cuándo vas a volver?

 -Tampoco saben.

 Darse. Pero, ¿y él? ¿Tengo derecho?, se pregunta, ahora, Gustavo. Y él, ¿qué culpa tiene? He elegido por él sin consultarlo. ¿Me odiará alguna vez? Gustavo lo ve aproximarse a uno de los soldados. Tavito le habla, el soldado se encoge de hombros y luego le acerca una mano para acariciarle la cabeza. Tavito pega un brinco, como si la mano del soldado estuviera electrizada.

 ¿Tengo derecho? He decidido por él. ¿Había otra manera? Gustavo mira a los costados, a los compañeros, rostro por rostro, los hombres con quienes comparte la comida y la pena y las palabras de aliento que se pasan unos a otros, como el mate, de boca en boca. El tiempo de ahora y el tiempo de después. Alguien le arroja, desde el otro extremo de la fila un paquete de cigarrillos. Gustavo lo caza al vuelo. Y entonces Tavito dice:

 -No te preocupes.

 Dice:

 -Cuando yo sea astronauta, nos vamos a ir a la luna o nos vamos a ir a pescar.

Eduardo Galeano - Vagamundo y otros relatos.

*Fragmento






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