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By Radio Saudade. Con la tecnología de Blogger.

lunes, 29 de diciembre de 2014

Joven en Nueva Orleans

Hambriento, sentado en los bares,
y de noche, caminando en las calles por horas.
La luz de la luna siempre me parecía
falsa, tal vez lo era,
y en el Barrio Francés, miraba
los caballos y los jinetes pasar.

Todos sentados en lo alto de los carruajes
abiertos, el chofer negro y
detrás el hombre y la mujer,
usualmente jóvenes y siempre blancos.
y yo era blanco.
y atraído apenas por el
mundo.

Nueva Orleans era un lugar para
esconderse.
podía mearme la vida,
sin ser molestado.
excepto por las ratas.
las ratas en mi oscuro y pequeño cuarto
muy resentidas, compartiéndolo conmigo.
Eran grandes e intrépidas
y me miraban con ojos
que hablaban sobre
la muerte
sin pestañear.

Las mujeres estaban más allá de mí.
Veían algo depravado.

Había una camarera
un poco más vieja que yo,
ella solía sonreir,
maliciosa, cuando
me traía el café.

Eso, era suficiente para mí,
con eso bastaba.

Tenía algo esa ciudad,
aunque no me dejase sentir culpable
de no sentir nada por las
cosas que otros tanto
necesitaban.
me dejaba solo.

Sentado en mi cama
las luces apagadas,
escuchando los sonidos del
exterior,
alzando mi botella barata
de vino,
dejando que lo cálido de
la uva
me
entrase
mientras oía a las ratas
moverse por el
cuarto,
yo las prefería
antes que a los
humanos.

Estar perdido,
estar loco tal vez
no era tan malo
si así podías estar
sin que te molestaran.

Nueva Orleans me dio eso.
Nadie, nunca, me llamó
por mi nombre.

Sin teléfono,
sin carro,
sin trabajo,
sin nada.

Yo
y las ratas
y mi juventud,
en ese tiempo
supe
que incluso en el vacío,
había una celebración
de lo que no se hace.

Yo lo sabía.

Charles Bukowski





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