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lunes, 2 de junio de 2014

Miércoles 22 de enero



A veces hablo de ella con Blanca. No lloro, no me desespero; hablo simplemente. Sé que allí hay un eco. Es Blanca la que llora, la que se desespera. Dice que no puede creer en Dios. Que Dios me ha ido dando y quitando las oportunidades, y que ella no se siente con fuerzas como para creer en un Dios de crueldad, en un sádico omnímodo. Sin embargo, yo no me siento tan lleno de rencor. El 23 de setiembre no sólo escribí varias veces: “Dios mío”. También lo pronuncié, también lo sentí. Por primera vez en mi vida, sentí que podía dialogar con Él. Pero en el diálogo Dios tuvo una parte floja, vacilante, como si no estuviera muy seguro de sí. Tal vez yo haya estado a punto de conmoverlo. Tuve la sensación, además, de que había un argumento decisivo, un argumento que estaba junto a mí, frente a mí, y que, pese a ello, yo no podía reconocer, no podía incorporar a mi alegato. Entonces, pasado ese plazo que Él me otorgó para que yo lo convenciera, pasado ese amago de vacilación y apocamiento, Dios recuperó finalmente sus fuerzas. Dios volvió a ser la todopoderosa Negación de siempre. Sin embargo, no puedo tenerle rencor, no puedo manosearlo con mi odio. Sé que me dio la oportunidad y que no supe aprovecharla. Quizá algún día pueda asir ese argumento único, decisivo, pero para ese entonces yo ya estaré atrozmente ajado y este presente más ajado aún. A veces pienso que si Dios jugara limpio, también me habría dado el argumento que debía usar contra él. Pero no. No puede ser. No quiero un Dios que me mantenga, que se decida a confiarme la llave para volver, tarde o temprano, a mi conciencia; no quiero un Dios que me brinde todo hecho, como podría hacer uno de esos prósperos padres de la Rambla, podridos en plata, con su hijito pituco e inservible. Eso sí que no. Ahora las relaciones entre Dios y yo se han enfriado. Él sabe que no soy capaz de convencerlo. Yo sé que Él es una lejana soledad, a la que no tuve ni tendré nunca acceso. Así estamos, cada uno en su orilla, sin odiarnos, sin amarnos, ajenos.

Mario Benedetti - La Tregua.





 

15 Comentarios:

  1. Excelente..!! me estrujo el corazon como una hoja de papel ..!!

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  2. Definitivamente, lo leo y vuelvo a leer!!! Me encanta!!!

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  3. Está noche inicié mi lectura de La Tregua. Hace unos diez años le había ya leído. Y siempre ha estado presente en mis recuerdos. Saludos desde México

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  4. Es mi libro favorito de mi escritor favorito, lo amo...

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  5. Avellaneda, avellaneda ... que libro , me quedó tatuado en el alma.!

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  6. Dios se presenta blanco y limpio, él no juega, solo te da las pautas para que puedas elegir, el resto es tu desicion, acertada o errada, depende únicamente de vos...

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  7. Sin odiarnos ...sin amarnos ....ajenos ....c.m a.g

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  8. Así estamos, cada uno en su orilla, sin odiarnos, sin amarnos....Ajenos:(

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    Respuestas
    1. Así es Stella, por esa razón las cosas más extraordinarias crecen en silencio... como el amor

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  9. Sentí cada instante de esta historia como si se tratara de mi vida propia.

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