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sábado, 12 de abril de 2014

Poste restante


Durante varios años, Verónica me había escrito una carta mensual. No diré que yo las olvidara, pero tal vez se hubieran quedado escondidas en el tedio del pasado de no sobrevenir la obligación de mi mudanza. 

Estuve tres días vaciando roperos y armarios y de uno de éstos se desprendió una maleta que no tenía candado y en consecuencia se abrió al tocar el suelo. Y allí estaba el atado con las cartas que Verónica mandaba regularmente a mi casilla de correo. Quizá yo estaba cansado con tanta calistenia de traslado, pero al mismo tiempo me picó la curiosidad y me vinieron ganas de releer aquellas cartas de ayer y de anteayer. Aquí transcribo algunas:

Hola Martín: Aquí estoy en la terraza, sola, frente a la costa. No hay viento, el mar está quieto. Una confesión: la soledad ha dejado de herirme. Mejor aún: me permite revisar, casi diría descifrar, mi pasado sin gracia. En un platillo de la balanza coloco mis odios; en el otro, mis amores. Y he llegado a la conclusión de que las cicatrices enseñan; las caricias, también. 

Ya hace dos meses que se fueron mi madre y mi hermana. Me gustó tenerlas conmigo, pero también sentí cierto alivio cuando me dijeron hasta pronto. Con mi hermana me llevo bastante bien. Pensamos diferente en muchos tópicos (ideología, política, cultura, y hasta deportes) pero por lo general evitamos los temas conflictivos. Lo esencial es el afecto y éste permanece. Mi madre, en cambio, es muy tozuda, y eso dificulta la relación, ya que es incómodo ser sincera con ella. Cuando puedas y quieras, ponme unas líneas.

Martín: Bueno, las vacaciones se terminaron y en estos días padezco eso que los nuevos psicólogos han bautizado como el trauma posvacacional. Por suerte, sé que no me dura mucho. La avalancha de trabajo barre con todas las melancolías.

Creo que no llegaste a conocer a mi jefe actual. Buena persona, pero más braguetero que Juan Tenorio. Las subordinadas tienen que andar con todas las alarmas encendidas, porque al menor descuido les toca el culo. Hay que reconocer que nunca va más allá de un acoso tan discreto. Al parecer, le alcanza con dejar esa constancia ambiental, algo que entre otras cosas le sirve al personal masculino para burlarse de las muchachas.

En mi caso particular, y en vista de que he alcanzado los cuarenta, mis nalgas ya están fuera de campeonato. Curiosamente, tal abandono me produce una doble sensación: una, por supuesto, de alivio, y otra, de cierta frustración, como si de pronto me hubieran jubilado del escrúpulo erótico y la lujuria abstracta. ¿Tú qué opinas? ¿También te jubilaste?

Hola Martín: El invierno siempre tuvo para mí un lado cavernoso, fantasmal, como si los vientos helados trajeran consigo las malas noticias y las lluvias implacables nos hicieran olvidar cómo era el sol. Abrigos no me faltan, pero debajo del sobretodo, la zamarra o los ponchos, sé que mi piel tirita y que un cierto destemple se me instala en el alma.

Este invierno, sin embargo, me llegó con otro ritmo. ¿Te acordás de Eusebio? ¿Aquel alto, de pelo revuelto, más bien parco, lector empedernido, que se complacía en rectificar al profesor de Historia? Bueno, me caso con él. La historia es más sencilla de lo que te imaginas, casi te diría que más sencilla de lo que yo misma podía haberla imaginado.

Una mañana se apareció en la oficina, no precisamente para hablar conmigo (ni siquiera sabía que yo trabajaba allí) sino con mi jefe querendón, pero como éste asistía a una reunión del Directorio que le iba a llevar varias horas, Eusebio me sugirió que nos fuéramos a almorzar, y de paso celebrar nuestro reencuentro.

Íbamos por la mitad del almuerzo cuando por fin nuestras miradas se encontraron. Y de pronto estuvo todo dicho. Tuvo la delicadeza de no llevarme a un hotel sino a su departamento de soltero. A mí, otra soltera. Aquí va la invitación. Ya sé que no podrás venir. El próximo viernes nos vamos a Río. No está mal, ¿verdad? 

Martín: La última vez que te escribí (¿cuánto hace?, ¿dos años?) estaba dando el último toque a mi soltería. Ahora te escribo desde mi viudez recién inaugurada. Eusebio murió en un accidente carretero. Por favor, no me envíes ningún pésame. No corresponde. Iba con otra. La hija del gerente, su último amor, que también murió. Las dos noticias me llegaron juntas. Bah.

Hola Martín: Sólo para avisarte que no habrá más cartas. Gracias por los años y el vacío de tus silencios. Si alguna vez me hubieras contestado, te habría mandado un fax con dos o tres hurras. Pero no me contestaste. Paciencia. No sé si esto se acaba o si me acabo yo. Como avisan en el casino: No va más. Bien sabes que soy atea y que este mutis no servirá para evangelizarme.

 Mario Benedetti - El porvenir de mi pasado.



61 Comentarios:

  1. Existen CARICIAS TAN PODEROSAS que son capaces de BORRAR CICATRICES, o quizas siguen ahí, pero ya no las vemos.-

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    1. o quizá las vemos pero ya no sangran como antes..

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    2. SIEMPRE ESTÁN PRESENTES, A VECES SOLO COMEZÓN, ARDOR, A VECES DUELE HASTA EL ALMA!!!

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    3. Como siempre excelentísimo!!!! Que placer leer y releer sus cosas, uno de hace mejor con cada palabra! Gracias Benedetti por todo y por tanto!

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  2. Es tan hermoso... que en momentos me siento identificada.. Gracias Benedetti

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  3. las caricias son la piel del cuerpo.

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    1. Sicratices, necesarias para moldear el alma.

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  4. Mis cicatrices, me indican que amé y me amaron hasta ya no poder. Que hermosas cicatrices por amor.

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    1. amar hasta no poder....aunque queden cicatrices,,,siempre es mejor que no haber amado nunca !! brillantes tus palabras Selene !!

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    2. Las caricias también hieren

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  5. Ellas sonel rastro indeleble del tiempo en el mar. Y su sabor es salado. Gracias Benedetti.

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  6. Mi cartas para ti, quedan siempre en mi bandeja de borrador... quizás un día de un tirón les de salida a todas...

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  7. quelindo y que ben se siente al leerte, Mario Benedetti.

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  8. May es hermoso recordar con amor, y el amor nunca muere

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  9. Mas profundo, y nos perdemos y anhelamos lo que no fue, lo que esperamos y que algunos les llega y otros esperan hasta la eternidad.

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  10. Mario Benedetti sabe hacer bella la soledad.

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    1. La soledad tambien es bella cuando se sabe mirarla ,cuando se aprende.

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  11. saludos al sr. Perret..... en silvia cauca...

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  12. Excelencia absoluta...sos un maestro.cada párrafo leído cala hasta los huesos....quien pudiera tener esa capacidad de escritura,expresiones y sentimientos para transcribir en un papel. Benedetti ídolo total.

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  13. Justo necesitaba leer esto...que adorable soledad la descrita

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  14. Una confesión: la soledad ha dejado de herirme...

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  15. La soledad tambien es bella cuando se sabe mirarla, cuando se aprende.

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  16. Mario Benedetti sabía acariciar el alma de quienes lo leíamos

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  17. La soledad es buena consejera.... a veces.

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  18. He aprendido a amar mi estado, cualquiera que este sea... Disfrutar mi soledad, y de aquellas heridas solo quedan cicatrices, de aquel dolor solo un recuerdo vago..

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  19. He aprendido a amar mi estado, cualquiera que este sea, hoy...hoy disfruto mi soledad, las heridas sanaron, y de aquel dolor solo queda un recuerdo vago..

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  20. Muy hermoso, me encanto leerlas

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  21. Me encanta este sitio... es como escaparse a un lugar mágico... Gracias, por este bonito trabajo ! ahora me gusta todavía más, el fondo negro acababa con mi vista... Un saludo.
    Simplemente yo.

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  22. Yo estoy igual... No sé si esto se acaba, o si me acabo yo...
    Suspiro y suspiro!!! Definitivamente siempre que lo leo, cualquier parte o fragmento me identifico! Es un genio y no me canso de decirlo!!!!!
    Aplaudo en pié al señorón Mario Benedetti!!!

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  23. Brillo espectacular!!
    Fascinante..

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  24. Si el corazón no las tuviera cicatrices . Entonces que sabríamos de amar y desamor

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  25. Espere tanto, tanto tiempo las caricias de un ser, que me conforme con las cicatrizes....todavia me duelen...

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  26. Tengo miedo de verte, esperanza de verte, estoy igual de jodido que tu..

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  27. La soledad aún no dejad de herirme

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  28. Solo basta con saber que las huellas o cicatrices se reviven en ese preciso segundo que evoca todo lo vivido son la mejor mejor y tal vez unica prueba que se amo... y no importa que ese alguien ya no este... o asi este no pueda igualar ese momento... pirq lo realmente valido es que marca el alma para siempre....

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  29. Me he leído todo de Benedetti,y aunque ya no esté físicamente, él será eterno. Me encanta el porvenir de mi pasado, el desenfado, el desparpajo, la naturalidad.

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  30. Alguien lo tiene en pdf ya que no puedo encontrarlo, porfaaa !

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  31. "La avalancha de trabajo barre con todas las melancolías " lo que me permite andar con sin el desasosiego normal de los adioses imprevistos. Bello todo mi Benedetti!

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  32. La soledad ha dejado de herirme ...más que una simples palabras


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  33. la soledad no suelta el beso y las heridas muestran cuanto de humanos somos..

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